domingo, 20 de mayo de 2012

Serenidad y tranquilidad

 El sueño de niñez de Eva Campos era escribir cuentos y ayudar a la gente, aunque la vida la llevó por otro camino y acabó trabajando para una empresa multinacional en Extremo Oriente. Pero el proceso personal por el que pasó al perder 60 kilogramos y dejar atrás su obesidad mórbida la condujo, años después, hasta aquel sueño de infancia: escribió el libro '¡Soy más lista que el hambre!' (Plataforma Editorial), en el que cuenta cómo usó el 'coaching' para adelgazar, y ahora se dedica a impartir seminarios y talleres para ayudar a otras personas a perder peso.
Eva Campos.
Eva Campos.
Esta psicóloga y 'coach' está convencida de que para adelgazar "cada persona tiene que tomar las riendas de su vida" y advierte de que su libro "es duro" porque en él "estoy diciendo que si estás gordo es porque lo necesitas".
Usted adelgazó 60 kilos. Perdió más de la mitad de lo que pesaba. ¿Es la prueba para los escépticos de que eso ahora tan de moda que se llama 'coaching' te puede ayudar a conseguir tus objetivos?
Sí, es la prueba de que el 'coaching' sirve como apoyo para que logres tus objetivos. Para mí el objetivo era adelgazar y yo he vivido un proceso personal basado en el 'coaching' y en más cosas. No sólo me he quedado preguntándome para qué hago esto o aquello. Para mí es la prueba de que si tú te pones un objetivo a través del 'coaching' puedes llegar a lograrlo.
Pero sólo con 'coaching' no se logrará perder peso, ¿no? La dieta también influirá
Ahí está el quid de la cuestión: yo no hablo de dietas, de métodos ni de nada por el estilo, cada persona tiene que elegir el suyo. A eso te ayuda el 'coaching', a entender tu individualidad. Yo, por ejemplo, seguí una dieta y me marqué objetivos, como adelgazar 10 kilos, después 20 y así hasta los 60. El 'coaching' es un método más y lo que te va a dar es la pauta de lo que subyace debajo de esos kilos. En el 'coaching' la base siempre es la acción y si no haces cosas diferentes no obtienes resultados diferentes.
Cuenta en su libro que antes de esa pérdida de peso definitiva hizo muchas dietas que no funcionaron. ¿Qué es lo que hizo que esa vez sí funcionara?
Yo había llegado a tirar la toalla. Me dije a mí misma: 'Después de tantas dietas tienes este cuerpo y con él te ha tocado vivir, no te rebeles, vive, disfruta y ya está'. Yo era la típica gordita que todo el mundo dice que no tiene ningún complejo, pero en el fondo sentía que no era feliz y no sabía a qué se debía esa falta de felicidad. Ahí es cuando empecé con el proceso de 'coaching' y es cuando se abrió la caja de Pandora. Me di cuenta de que yo no era una gordita feliz. El 'coaching' me ayudó a darme cuenta de qué me estaba sucediendo y durante el proceso de pérdida de peso seguí este proceso de introspección.
¿Hay veces que no sabemos para qué comemos?
No debería haber más de una respuesta, que sería para alimentarnos. Más allá de eso, debe haber un problema. Si vas más allá de ahí, si por ejemplo es por aburrimiento o para celebrar algo porque es lo que siempre ha hecho tu familia, hay un problema.
¿Cómo salir de ahí?
En el ejemplo de la familia hay dos opciones: puedes ir a la celebración y si estás al mediodía de paella o de barbacoa no dar el día por perdido, sobre todo si estás de dieta porque ése es el inicio del fin de la dieta. También tienes la opción de ir y comer sano, algo diferente y decir: 'Yo vengo a la celebración, pero estoy a régimen y voy a comer otra cosa'.
¿Qué tiene que ver la obesidad con el respeto?
Tiene que ver con el respeto a uno mismo. ¿Qué es respetarse sino amarse e identificar cuáles son tus necesidades? Cuando tu pareja te pide que no hagas algo porque no es bueno para ella, ¿lo haces? Si yo sé que lo que hago no le hace bien a mi cuerpo, a mi relación conmigo mismo, ¿me estoy respetando?
¿Y cómo darse cuenta de esa falta de respeto hacia uno mismo?
Con algo fundamental de lo que a veces nos olvidamos: observando qué es lo que hacemos y viendo si hay coherencia entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos. Por ejemplo, si yo siento que tengo que adelgazar y no lo hago, pues es incoherente. Observarse es muy importante, pero no nos han enseñando, sí a criticarnos, pero no a observarnos.
¿Qué se puede aprender con la observación?
A veces hay comportamientos que son mecánicos: yo me enfado con mi pareja, entonces aparece el miedo al abandono, aunque de eso no sea consciente aún. Y cada vez que hay un enfado lo que hago es tomar chocolate. Viendo qué hago puedo tomar conciencia de para qué lo hago, así que la auto observación es fundamental, no sólo de las conductas, sino de cómo me siento y para ver qué emoción hay detrás. Hay mucha gente que cuando tiene miedo, come. Hay gente que dice que come por ansiedad, pero la ansiedad es una respuesta fisiológica al miedo o, por ejemplo, hay gente que asocia la alegría con comer, de modo que cuando necesite alegría va a comer.
¿Cómo tomar conciencia de cuál es nuestra forma de comer?
Hazte un cuadro, observa qué es lo que comes, cómo lo comes, qué ha sucedido antes de comer, después de comer y si consideras que ha sido una comida sana o no... Muchas veces no hay educación sobre cómo comer. Hay mucha gente que viene de pueblos pequeños, con trabajos muy sedentarios pero consideran que la forma de comer que hay en su casa es la normal y, por ejemplo, comen fabada todos los días. Es observar si eso se adapta a tu vida actual.
¿Y una vez tomada esa conciencia cómo pasar a la acción y ponerse a perder kilos?
Lo primero diciendo: 'Esto yo no lo quiero y como no lo quiero lo tengo que cambiar'. No conozco a nadie que diciéndoselo no se haya puesto a cambiar. Hay muchas veces que los kilos de más forman parte de tu identidad y eres el gordito de los amigos, la chica con curvas y a mucha gente le cuesta el cambio porque le da miedo lo que pueda venir después. La motivación es algo que tiene que surgir de ti. Si estás convencido de que quieres cambiar, la motivación surge de ti, por lo tanto realizas el cambio o, por lo menos, te pones a buscar la forma de realizarlo, que es el primer paso.
¿La visualización puede ayudar a adelgazar?
Yo sí que la uso y las personas que trabajan conmigo, también. La visualización te motiva, tienes que visualizar no sólo el cuerpo que quieres tener, sino la vida que quiere llevar. Te puedes visualizar en un futuro, cuando hayas perdido los kilos que quieres, bailando, divertida, con las características personales que desees.
Por cierto, yo le estoy preguntando por cómo se pierden kilos, pero quizás esa no sería la manera más correcta de pensar: ¿habría que sustituir ese perder kilos por adelgazar? Porque aquello en lo que se piensa es lo que se atrae, ¿no es así?
Lo que vamos a hacer no es pensar que vamos a adelgazar, sino que voy a tener una dieta sana y el cuerpo que yo quiero, que voy a aprender a respetarme. No hay que centrarse en quiero perder 30 kilos, sino en quiero sentirme física y estéticamente bien. Eso es lo que yo llamo el ego sano y que además te permite estar emocional y físicamente bien. Yo me puedo ver bien con 60 kilos o con 70, pero si me veo bien con 50 tengo un problema que se llama anorexia porque mido 1,70. La meta no es voy a adelgazar ni voy a perder kilos, sino voy a conseguir tener una vida y un cuerpo sanos.

martes, 1 de mayo de 2012

Para Perder Peso


La rigidez de las dietas alimenticias es un obstáculo que sólo logran franquear las personas con una voluntad de hierro. Pasar hambre se convierte en la mayor de las pesadillas cuando se intenta adelgazar y el abanico de tentaciones culinarias que se enfrentan a los habituales regímenes draconianos acaba por frustrar los objetivos marcados. Para evitar la ansiedad y sofocar las ganas de comer existen una serie de trucos que ayudan a saciar el estómago sin caer en los excesos porque no es lo mismo el hambre fisiológica –necesidad de nutrientes para el cuerpo– que psicológica –mecanismo de defensa contra las emociones incontrolables–, según explica el psiquiatra y psicoterapeuta Gérard Apfeldorfer. 1. Establecer una rutina Tener un horario fijo para el desayuno, la comida y la cena es fundamental para evitar la sensación de hambre fuera de las horas establecidas. Además, mejorará el umbral de satisfacción, siempre y cuando evitemos los alimentos y sabores desconocidos porque difuminan la sensación de saciedad más que los alimentos familiares. 2. Degustar la comidaComer siempre a la misma hora mejora el umbral de satisfacción Prestar atención al gusto de los primeros bocados es esencial porque determinará nuestra impresión global sobre la comida. La imaginación sobrepasa el sentido del gusto y aleja la sensación de saciedad provocando, por ejemplo, que comamos hasta el último bocado de un plato mediocre o demasiado pesado. De este modo, será más fácil parar cuando ya se han cubierto las necesidades fisiológicas. Para ello, es recomendable comer ingiriendo pequeños bocados, masticar lo máximo posible y hacerlo de forma relajada. 3. Comer con lentitud El organismo necesita entre 15 y 30 minutos para asimilar la sensación de saciedad. Estas señales no llegan de forma instantánea al estómago y al cerebro, por lo que apurarse conlleva comer más de lo realmente necesario para el cuerpo. El tiempo ideal para ingerir una comida debe ser de media hora. 4. Hacer un descanso en mitad de la comida Pararse a pensar en medio de la comida y analizar el grado de saciedad. Si lo ingerido todavía no es suficiente para llegar a saciarse se debe continuar comiendo pero, si por el contrario, ha sido suficiente para sentirse lleno no se debe forzar más la ingesta. Sobre todo, en el caso de los postres, aunque se crea falsamente que “hay sitio” para más. 5. Concentrarse sólo en la actividad de comer Ver la televisión, discutir apasionadamente o leer el periódico mientras se come contribuye negativamente a la percepción correcta de la saciedad. Ya que comer en grupo suele ser la norma, lo recomendable es hacer pausas regulares para hablar y escuchar. Poco a poco, esta alternancia se convertirá en natural y se evitará perder la concentración durante la comida. 6. Practicar la moderaciónEl tiempo mínimo recomendable para una comida es de media hora Existen tres formas simples para comer de forma mesurada y consciente. La primera es comer lentamente, concentrándose en el sabor de los alimentos y dejando la comida sobrante en el plato. La segunda consiste en reducir las raciones y tantear sobre la marcha las necesidades. La tercera y última consiste en comer un solo plato o reducir al mínimo las raciones si son varios. En este caso, es aconsejable hacer una pausa entre plato y plato. 7. Identificar las debilidades Diferenciar los impulsos de las necesidades reales es la base para comer con moderación. Si realmente se tiene hambre se debe comer lo necesario, pero si la motivación está marcada por un impulso relacionado con el estado de ánimo hay que contenerlo. La tristeza, el estrés, la irritación o la euforia son pulsiones propias de un desorden emocional que muchas personas afrontan comiendo para evadirse de ellas. Para identificar estas debilidades los nutricionistas recomiendan anotar en un papel las sensaciones asociadas al momento en el que se tenga una “crisis de tentación”. 8. No comer como si fuese la 'última cena'Si la comida consiste en más de un plato se debe hacer una pequeña pausa entre cada uno La ansiedad no es una buena aliada para evitar los excesos y comer sólo lo estrictamente necesario. El régimen alimenticio induce a una sensación próxima al miedo a no comer nunca más, por lo que se actúa como si se estuviesen cogiendo provisiones “por si acaso”. Una violencia psíquica ante la cual se levanta una defensa mediante la acumulación de toda la comida posible. Para evitar estas situaciones se debe reflexionar sobre el grado real de hambre y autoconvencerse de que unas horas después de la comida todavía habrá otra. 9. Juzgar las necesidades alimenticias por uno mismo El grupo fomenta fácilmente las disfunciones del comportamiento individual. Cada persona tiene sus propias necesidades y es primordial no dejarse influir por lo que coman o dejen de comer los demás. Si realmente se está saciado, no se debe seguir comiendo simplemente porque el resto de los compañeros de mesa lo sigan haciendo. 10. Darse un 'homenaje' de vez en cuando Si se tiene la obsesión constante por volver a experimentar la sensación de que se ha comido hasta no poder más, se debe hacer un banquete de vez en cuando para relajar la ansiedad acumulada durante la dieta. Si se está instalado en una buena dinámica alimenticia, este exceso puntual podrá contrarrestarse en unos pocos días.

lunes, 30 de abril de 2012

Hacer lo adecuado


A primera vista, la obesidad es una simple cuestión de kilos de más. Sin embargo, cuando se observa un poco más de cerca, este fenómeno se convierte en una cuestión compleja con múltiples ramificaciones e incontables incógnitas. Uno de los rompecabezas que más preocupan a los científicos es averiguar hasta qué punto el sobrepeso en sí mismo puede resultar letal. En general, la obesidad está asociada a otros problemas que aumentan el riesgo cardiovascular, como la diabetes o la hipertensión, pero ¿qué pasa en los casos en los que el sobrepeso no va acompañado de estas alteraciones del metabolismo? Cada vez más investigaciones apuntan a que estos pacientes -que son más numerosos de lo que se podría pensar- no tienen muchas más posibilidades que el resto de morir por un problema del corazón, aunque aún se están desentrañando los detalles de esta relación. Según los datos disponibles, una de las claves podría estar en las características y la distribución de la grasa corporal. Es decir, que no sólo importan los kilos de más, sino también a qué se deben y dónde están colocados. Así, por ejemplo, no es lo mismo pesar mucho por tener acumulada mucha grasa que si esto se debe a una gran masa muscular. Del mismo modo, parece demostrado que la acumulación de grasa en la zona abdominal -la circunferencia de la cintura- tiene un efecto mucho más nocivo para la salud cardiovascular que la adiposidad que se deposita en otras zonas corporales, como la cadera. Estos hallazgos, relativamente recientes, han puesto de manifiesto que las herramientas que habitualmente se utilizan para evaluar el grado de obesidad -como el índice de masa corporal, (IMC), un parámetro que se obtiene al dividir el peso (en kilogramos) por la altura al cuadrado (en metros)- fallan a menudo. "En muchos casos un IMC alto no se traduce en un exceso de grasa", comenta Javier Salvador, investigador del Centro de Investigación en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn). "Son necesarias otras herramientas para catalogar a los pacientes y saber si su exceso de peso tiene algún impacto", añade. Este especialista considera que la evaluación de la composición corporal y la valoración de la grasa visceral proporcionan una información mucho más veraz a la hora de catalogar a los pacientes con obesidad y buscar el tratamiento más efectivo. "El IMC tiene que dejar de ser la única medida que se utiliza en muchas consultas", subraya. Bajar de peso En este sentido, dos investigaciones publicadas esta semana en la revista 'Journal of the American Medical Association' ('JAMA') muestran hasta qué punto esta herramienta puede ser inadecuada. De hecho, la primera de ellas da cuenta de cómo la grasa a veces puede esconderse tras las báscula. Esta investigación realizó un seguimiento a 25 personas que, durante varios meses, consumieron un exceso de 1.000 calorías al día a través de tres tipos de dieta diferente (lo que variaba principalmente era la cantidad de proteínas). Los análisis realizados pusieron de manifiesto que quienes habían tomado una alimentación baja en proteínas habían ganado menos peso que el resto de participantes. Sin embargo, también demostraron que la cantidad de grasa que acumularon en su cuerpo era muy similar a la que habían almacenado los otros grupos. Un estudio más pormenorizado de los datos sacó a la luz que los individuos que siguieron un régimen alimenticio bajo en proteínas habían perdido mucha masa magra (que incluye la masa muscular), un fenómeno que no experimentó el resto, lo que explicaría las diferencias de peso. Este trabajo, subraya un editorial que acompaña al estudio en la revista médica, señala cómo graves problemas de acumulación de grasa pueden ocultarse bajo un peso relativamente bajo. Es más, continúa el texto, demuestran que dejarse guiar por el IMC sin entrar en otras consideraciones -como la distribución adiposa- puede dar una información errónea sobre el grado de obesidad y, fundamentalmente, sobre su posible impacto. La otra investigación muestra que tener un IMC elevado no debe ser un criterio único de elección a la hora de plantearse una cirugía bariátrica. Los autores de este trabajo, dirigidos por Lars Sjöström, del Hospital Universitario Sahlgrenska (Gotemburgo, Suecia) compararon la evolución de 2010 pacientes obesos que se habían sometido a cirugía bariátrica para reducir su peso, con la de otras 2037 personas con sobrepeso que habían recibido unas pautas más o menos estrictas para cambiar sus hábitos de vida. Los resultados de su trabajo mostraron que quienes habían pasado por el quirófano sufrían un menor número de infartos y otros eventos cardiovasculares y, en general, tenían menos probabilidades de fallecer por un problema de corazón. Sin embargo, paradójicamente, estos investigadores también encontraron que este 'efecto beneficioso' de la cirugía no parecía guardar ninguna relación con las pérdidas de peso conseguidas por los participantes. "Nuestros datos demuestran que tener un alto IMC de base no se asociaba con mayores beneficios", subrayan los investigadores. Por tanto, probablemente haya criterios de selección mucho más adecuados para someterse a este tipo de operaciones que el índice de masa corporal, concluyen. Los investigadores no han podido dilucidar a qué se debían 'las ventajas' obtenidas por los pacientes operados, por lo que reclaman nuevas investigaciones que determinen los mecanismos metabólicos implicados.

viernes, 30 de marzo de 2012

La Obesidad no es buena

'La dieta Flash'
Es un hombre orquesta de la salud, médico pediatra y también inmunólogo, y además especialista en nutrición focalizado en la lucha contra la obesidad: me informa de que 300.000 españoles siguen hoy alguna dieta proteinada, y por eso en su obra La dieta Flash (Planeta) explica qué control médico precisa toda dieta proteinada (tan de moda hoy en día) para garantizar su eficacia y sortear daños. Por eso está formando ahora a 200 médicos en toda España, que aplicarán esta herramienta desde su cadena de establecimientos. Jiménez Ucero es fundador del Grup Policlínic de asistencia primaria, y de Inforyatrica, asociación que presta toda suerte de servicios a los médicos catalanes.
Qué le hizo médico?
Una enfermedad que me mortificó de niño.

¿Qué enfermedad?
Tras una infección de anginas, escarlatina y nefritis, me quedó una fiebre persistente.

¿Qué edad tenía?
De los seis a los nueve años estuve en cama, ametrallado con penicilina y estreptomicina, con largos periodos hospitalizado...

¿Eso le marcó?
Me sentía apartado, encerrado, solitario. Me leí los 500 libros de la biblioteca de mi padre, maestro. Mi favorito era Robinson en su isla, ¡como yo! Y Tom Sawyer, libre...

¿Cómo terminó lo suyo?
A los nueve años me dejaron salir de la cama... y tuve que a aprender a caminar. ¡Fui Forrest Gump! Y me hice dos promesas.

¿Cuáles?
Que sería médico de niños y que no volvería a pasar un solo día en la cama.

¿Y las ha cumplido?
¡Sí! Aunque haya tenido gripe fuerte, el pánico a meterme en cama ha sido más fuerte.

Hoy, como pediatra, ¿cómo hubiese tratado a aquel niño febril que fue usted?
¡Aire puro y vida sana!

¿Qué fue lo mejor de su infancia?
Pasamos penuria (mi padre nos dejaba mojar un torrezno a cada hijo en su huevo), pero de los nueve a los doce años fui feliz.

¿Por qué?
Vivimos en La Gornal del Penedès: una casa llena de fruta, melones en serrín, uva colgada del techo, aventuras en el castillo... ¡Viví como mi adorado Tom Sawyer!

¡Carpetazo a las penas!
Como estudiaba con beca, me aplicaba mucho para sacar notas altas, y daba clases a otros chicos para pagarme los libros y luego la carrera. Y a los 19 años me hice mayor.

¿Por qué?
Mi madre enfermó gravemente, la hospitalizamos, y mi padre se hundió. Me hice cargo de mis cuatro hermanos, de todo. Mis compañeros me traían los apuntes. Me reté..., y saqué matrículas de honor en todo.

¿Aquello le forjó?
Creo en el esfuerzo, la disciplina, la autoexigencia..., y en que jamás hay que rendirse.

¿Cómo ha sido su carrera de médico?
Fui pediatra en la sanidad pública y trabajé hasta la extenuación: más de 2.000 niños al mes... Hasta que no pude más y lo dejé todo.

¿Qué fue lo mejor?
Las vidas salvadas, como la de un niño de cuatro años ahogado en una piscina. Lo daban por muerto, pero le puse boca abajo, le saqué el agua, le hice masaje cardiaco, boca a boca... y resucitó. ¡Eso compensa de todo!

¿Ha vuelto a verlo?
No. Hoy debe de ser treintañero. Fue un verano en Vallromanes, luego desapareció.

¿Qué le disgustó de la sanidad pública?
El despilfarro y la improductividad. La desgana. La pérdida de calidez en la relación médico-paciente, ¡sagrada! No hay pública o privada: hay buena o mala sanidad.

¿En qué consiste la buena sanidad?
He creado un grupo de seis centros médicos ambulatorios, con más de 150 médicos y colaboradores: atendemos a 20.000 pacientes al mes, ¡sin listas de espera!, siempre una sonrisa en la boca para el paciente.

¿Cómo se consigue eso?
Con orden, disciplina, exigencia y personal comprometido con la eficacia y el servicio.

¿Cuál es nuestro gran reto sanitario?
¡La obesidad!: somos el segundo país con más obesos de Europa y el penúltimo en educación nutricional: ¡qué vergüenza!

¿Tan grave es el problema?
El obeso enferma antes y muere antes: cada dos días de un obeso... equivalen a tres días.

¿Cómo saber mi peso saludable?
Divide tu peso entre el cuadrado de tu altura: si te sale más de 24, ¡cuidado, actúa!

¿Qué es lo primero que debería hacer?
Reduce tu ingesta de carbohidratos (azúcares y féculas): ¡están por todas partes! Los comemos en exceso y engordan y matan.

¿Por qué?
Obligan al páncreas a segregar tanta insulina... que se agota. Y de ahí las diabetes, acúmulos de grasa, deterioro cardiovascular, úlceras, cegueras...

Comeré menos azúcares y féculas.
Y come cinco veces al día, en pocas cantidades. Eso regula los niveles de insulina, relaja el páncreas. Y, sobre todo, cena poco: "Cena corta, vida larga", sentenció Cervantes.

¿Qué más aconseja?
El alcohol excita el páncreas: si bebes alcohol al comer, ¡engordas más! Pésate a la mañana siguiente de cenar con alcohol y verás que ganas el doble de peso que cenando sin alcohol. Ah, y no bebas nada frío.

¿Por qué?
Dificulta la digestión y facilita la fijación de grasas. Lo peor de lo peor para beber: un refresco dulzón y frío. Por cierto, el aluminio de las latas es cancerígeno para la vejiga. Lo mejor para beber: un té verde, tibio.

¿Promueve alguna dieta?
La que llamo dieta Flash: una fase vegetariana verde y dieta proteinada (un gramo de proteína por kilo al día), ayudada con minerales, vitaminas y oligoelementos para evitar desgaste muscular y el efecto rebote.

¿Es una crítica a la dieta Dukan?
Sin control médico, la gente se excede con la proteína, hasta provocarse ácido úrico, sobrecarga hepática y deterioro de la salud.

¿Qué es estar sano?
No hacer una cosa pensando en cuatro, fumando y asaltando la nevera por la noche.

domingo, 25 de marzo de 2012

No al Colesterol

El médico nos ha dicho que tenemos que reducir nuestros niveles de colesterol pero que aún es pronto para empezar a medicarnos. ¿Qué estrategia podemos adoptar para que el riesgo cardiovascular al que estamos expuestos descienda y retrasar así el momento de empezar un tratamiento?

Tanto la dieta como el estilo de vida están cambiando. Aprender qué alimentos son los que nos convienen y qué tipo de ejercicios nos vienen bien contribuye de forma determinante a volver a poner nuestros niveles en números saludables. Si tienes que conseguir que tu colesterol descienda pero estás perdido en un mar de dietas, recetas y restricciones alimenticias, no te asustes: el sentido común es tu mejor aliado. Con la ayuda del médico, un poco de información –y por supuesto, dejando de fumar–, podemos poner en práctica una serie de medidas para regular nuestro índice de colesterol:

1. Los suplementos, con moderación

Existen muchos suplementos alimenticios que pueden ayudarnos a reducir el colesterol, y cada vez son más los facultativos que recomiendan su consumo, por supuesto de forma equilibrada y siempre previa consulta clínica. El extracto de hoja de alcachofa, por ejemplo, ha demostrado su eficacia a la hora de reducir en el organismo los niveles de lipoproteínas de baja densidad –que también llamamos a veces el colesterol malo–. Muchos también recomiendan el arroz de levadura roja, cuya habilidad para hacer descender los niveles de colesterol y triglicéridos ha sido objeto de numerosos estudios científicos, y el té verde, que además nos ayuda a incrementar nuestros niveles de lipoproteínas de alta densidad –el colesterol bueno–.

2. Alimentos para el corazón

Azúcares refinados, pan blanco, almidón o alimentos ricos en proteínas animales… Cuando se trata de cuidar la salud de nuestro corazón es importante prescindir de determinadas comidas y seguir una dieta bajas en grasa y contra la hipertensión. La alimentación vegetariana también puede ayudar a reducir nuestro colesterol, pero antes de emprenderla debemos consultar necesariamente con nuestro médico.

3. Fibra

Cuando nuestra dieta es baja en fibra, el 94% del colesterol es reabsorbido y reciclado por el cuerpo, según la AHA –American Heart Association–. La avena, la cebada, las ciruelas o las judías, entre otros, son productos ricos en fibra. También existen suplementos artificiales que nos ayudan a consumir más cantidad de este compuesto, que ayuda a expulsar el colesterol de nuestro cuerpo a través de la digestión. Eso sí; dependiendo de si es soluble –la más común en legumbres y determinadas frutas– o insoluble –que predomina en cereales–, la fibra actúa de maneras diferentes durante su paso por el tracto digestivo. Si adolecemos de trastornos intestinales, debemos consultar a un médico antes de proponernos comer más fibra.

4. Un vaso de vino

Gracias a su concentración de saponina, el consumo moderado y continuado de vino –preferentemente, tinto– o zumo de uva hace descender los niveles de colesterol malo y eleva los del bueno, según demostró en 2003 un estudio de la University of California. La saponina también puede consumirse con el aceite de oliva o el haba de la soja.

5. Contra el colesterol, fitoesterol

Los fitoesteroles son el equivalente vegetal del colesterol que ocupa su lugar en el metabolismo y así, evita su absorción. Combinados con una dieta baja en grasa, su consumo continuado puede ayudar a que nuestro cuerpo asimile menos colesterol y que, a la larga, acumule menos cantidad del mismo. La concentración natural del fitoesterol es muy baja incluso en los productos en los que más abunda –maíz, soja o aceite de girasol–, de modo que muchos alimentos procesados industrialmente –como la margarina, la leche o los yogures– incorporan cantidades superiores de forma artificial.

6. Mucho pescado azul

Los pescados rico en ácidos grasos omega-3, como la trucha o el salmón, hacen que nuestro nivel de triglicéridos descienda y con ellos, nuestro índice de grasa en sangre. La antiguamente denominada vitamina F también se encuentra en las semillas de lino y de chía, el sacha inchi, los cañamones y las nueces. Sus propiedades se descubrieron al observar la escasa indicencia de enfermedades cardiovasulares entre culturas donde el omega-3 se consume en grandes cantidades, como la inuit o la japonesa tradicional. En realidad, el omega-3 aumenta considerablemente el tiempo de coagulación de la sangre y por lo tanto, contribuye a la salud coronaria a largo plazo. Una vez más, también hace que los niveles de colesterol bueno suban.

7. Poco ruido y muchas nueces

Los especialistas también aconsejan comer nueces. Numerosos estudios demuestran que su consumo moderado rebaja nuestro nivel de colesterol malo y de triglicéridos. Las nueces, sin embargo, son alimentos ricos en calorías: hay que tenerlos presentes en los máximos calóricos diarios que nos haya recomendado el doctor.

8. No todas las grasas son malas.

Las grasas saturadas –las que encontramos en la carne roja, por ejemplo, o en algunos aceites, como el de palma o el de coco– pueden no ser buenas para la salud de nuestro corazón, pero otros como el de oliva o colza resultan saludables si los consumimos con moderación.

9. Vigila tu peso

Aunque sólo sea un poco, el peso extra eleva el riesgo de accidente cardiovascular, especialmente cuando se combine con otros factores como la hipertensión o elevados índices de azúcar en sangre. Cuando tenemos sobrepeso, también tendemos a acumular en nuestro cuerpo una cantidad superior de colesterol malo. Muchas personas se deshacen de sus elevados niveles de colesterol sencillamente adelgazando.

10. Un poco de ejercicio

Si algo recomiendan todos los especialistas, eso es moverse. Incluso el hábito de invertir diez o veinte minutos al día en una ligera rutina de ejercicios gimnásticos, en correr o en pasear hace que nuestros niveles de colesterol empiecen a bajar. Si te planteas perder colesterol a largo plazo y mantenerte en unos niveles saludables, no basta sólo con la dieta: es imprescindible hacer un poco de ejercicio.

11. Y controla el estrés

En 2007, investigadores de la Oregon State University descubrieron que un grupo de individuos acostumbrados a practicar la relajación y en posesión de habilidades sociales superiores tendían a acumular menos colesterol malo que otros sujetos experimentales con la misma dieta y régimen de ejercicios, pero sometidos a condiciones de estrés que no podían atajar mediante la correcta actitud. Como para tantos otros aspectos de la salud, el estrés y los nervios parecen contribuir a que acumulemos colesterol.

martes, 7 de febrero de 2012

JEAN-MICHEL COHEN, NUTRICIONISTA

JEAN-MICHEL COHEN, NUTRICIONISTA

`La cantidad de dietas milagro en el mundo siempre será proporcional al número de idiotas´


CARLOS LUJÁN
Jean-Michel Cohen

Este médico ha declarado la guerra a las dietas milagro. En especial a la Dukan. Tanto que su autor, Pierre Dukan, lo demandó por difamación... Y perdió. Antes de publicar su nuevo libro, el médico a quien consultan Nicolas Sarkozy, Sarah Jessica Parker o Jennifer Aniston vuelve a la carga. Habla de los `gurús dietéticos´; de la industria alimentaria; de su madre, obesa... `No tengo nada que ocultar´, avisa.



Antes de él, las autoridades sanitarias francesas y españolas ya habían advertido sobre los riesgos de un método que ha hecho millonario al francés Pierre Dukan. Cohen, que publica esta semana en España 1800 calorías para ser feliz (Ed. Planeta), una novela decididamente autobiográfica sobre cómo sobreponerse a distintos trastornos alimentarios, es un crítico acérrimo de las dietas milagro. El nutricionista, sin embargo, no ofrece una `dieta Cohen´. Cree que el sobrepeso, la obesidad o la anorexia han de tratarse de forma integral. `El aspecto psicológico, la razón por la que alguien tiene un problema con su cuerpo, es tan importante como la alimentación´, afirma. Y a la hora de adelgazar, propone a sus pacientes, más que medidas drásticas, `un cambio de alimentación, pero sin necesidad de alejarse mucho de sus hábitos´. En su consulta de París, donde recibe a clientes ilustres cuyo nombre evita revelar, da un repaso completo, sin tapujos, al mundo de la alimentación. `Soy feliz con lo que hago y conmigo mismo, así que no tengo nada que ocultar´. Ésa es, al menos, la impresión que da.

XLSemanal. Hoy en día los gurús de las dietas son casi todos franceses: Dukan, Montignac, usted... ¿Casualidad?
Jean-Michel Cohen. Hay una gran tradición en Francia. Si algo nos define es: gastronomía y dieta. Nuestras mujeres son las más delgadas, quizá porque comemos más cereales que nadie [se detiene]. Y, por favor, no me incluya entre esos \\\''\''gurús\\\''\''.

XL. ¿Qué lo diferencia de ellos?
J.M.C. Para empezar, no hay una `dieta Cohen´. Yo escucho a mis pacientes y les propongo una dieta personalizada, ajustando el número de calorías en función de sus necesidades, que, en el caso de una anoréxica, pueden ser ganar peso. Los tipos que menciona son gente que sabe vender su producto. No son nutricionistas, son dietistas, es muy distinto. Su prioridad no es la salud del paciente ni ayudarlos a que vivan más, sino que sus clientes adelgacen. Es una cuestión exclusivamente comercial, muy americana: lanzas tu propio método y, ¡hala!, a hacerse rico.

XL. Pero usted también es una estrella...
J.M.C. Como médico siempre me ha ido bien. Salgo en televisión, tengo buenos clientes... Confieso que, cuando no era conocido, me resultaba mucho más difícil obtener resultados con mis pacientes. Ahora me consideran una celebridad y eso los obliga más, sienten que si no pierden peso es culpa suya, ya que yo no tengo nada que demostrar.

XL. ¿A qué atribuye el éxito de Dukan o de la dieta Atkins?
J.M.C. Un profesor mío decía siempre: `El número de dietas milagro en el mundo siempre será proporcional al número de idiotas´. Ahora le toca a Dukan; en cinco años será otro. La gente quiere perder peso rápido, sin esfuerzo y sin tener en cuenta nada más. Es indudable que si alguien come 2.000 calorías por día y reduce a 1.000 bajará de peso. El problema es que perder peso de forma equilibrada lleva tiempo. Todos quieren acelerar el proceso, pero eso tiene un precio: la salud.

XL. Usted y Dukan publican en Francia en la misma editorial...
J.M.C. Sí, bueno, pero llevo años con ellos.

XL. ¿Conoce personalmente a Dukan?
J.M.C. Lo he visto una vez y, créame, no me tiene mucho aprecio. Me demandó por decir que su dieta puede causar graves problemas de salud entre algunos pacientes, como un fuerte aumento del colesterol, problemas cardiovasculares o cáncer de mama, y perdió. El juez entendió que no había nada calumnioso en mis afirmaciones.

XL. Dice Dukan que todos los que lo critican le tienen envidia porque se está haciendo rico.
J.M.C. Yo, desde luego, no me puedo quejar, incluso me planteo pasar consulta gratis un día a la semana... Pero bueno, es cierto que en este negocio hay mucho dinero en juego. Una dieta popular genera millones: el libro, la web, los productos que puedes asociar a tu nombre... La gente conoce los inconvenientes y peligros de la dieta Dukan, lo dicen las autoridades sanitarias de Francia y España y nutricionistas de todo el mundo, pero a muchos eso no les importa.

XL. La imagen que dan es la de que son ustedes un grupo de oportunistas peleándose por el pedazo más grande del pastel...
J.M.C. Lo sé, lo sé. Todos los periódicos han hablado de mi disputa con Dukan. ¿No hay problemas más importantes? Es absurdo, pero a la gente le interesa. ¡Qué le vamos a hacer! Cuando Dukan se hizo famoso, los medios lo presentaron como alguien con una solución milagrosa entre manos; ahora se meten con él: que si gana dinero a costa de la salud de la gente y bla, bla, bla. Hay mucha hipocresía de por medio.

XL. ¿De verdad nunca ha pensado hacer su propia dieta?
J.M.C. No. Mire, la receta del éxito de una dieta de estas es sencilla: que sea muy fácil de entender y que un par de famosos hablen de ella. En EE.UU. cuando vas a publicar un libro, lo primero que te dice el editor es: «Consigue que alguien famoso siga tu dieta». Si lo consigues, te da luz verde. Todos ganan dinero: la editorial, las tiendas, los medios..., mientras la pobre gente que sigue tus consejos pierde la salud. No son pacientes, son clientes.

XL. Se dice que Sarah Jessica Parker, Jennifer Aniston o Nicolas Sarkozy figuran entre sus pacientes...
J.M.C. Atiendo a gente muy conocida, sin duda.

XL. ¿Atiende a mucha gente frustrada por dietas milagro?
J.M.C. He atendido a pacientes cuya alimentación consistía en 400 gramos de carne en cada comida o gente que solo comía piña. El sobrepeso es un problema de energía: la diferencia entre lo que comes y lo que quemas. Perder peso rápido es sencillo. Puedes inventarte lo que quieras. El problema de Dukan no es el exceso de proteína animal, sino que elimina muchas cosas importantes para la salud. Algo muy grave es el potasio. Si no tomas fruta y vegetales, te baja el potasio, lo que afecta a muchos procesos de nuestro organismo.

XL. Y usted, ¿ha hecho dieta alguna vez?
J.M.C. ¿Sabe por qué me convertí en nutricionista? De niño comí más de lo que es recomendable. Mi madre era obesa. Me quería mucho y lo demostraba dándome comida. En mi familia siempre hablábamos del peso de mi madre, de qué médico veríamos a continuación, cuánto nos costaría... Visitó a doctores de medio París; todos, ladrones. Con el tiempo entendí lo que había ocurrido. La obesidad suele ser una historia familiar. El problema de mi madre, a la que adoraba, me llevó a estudiar nutrición.

XL. ¿Y a hacer dieta?
J.M.C. Indirectamente sí, pero la razón principal fue un desengaño amoroso. Mi prometida me dejó plantado y yo estaba convencido de que era por mi peso. Diseñé mi propia dieta, la primera que receté en mi vida [se ríe], a base de proteínas, fruta y ejercicio.

XL. Parecido a la dieta Dukan, entonces...
J.M.C. [Serio]. No lo creo. Dukan, en todo caso, no ha inventado nada. Es lo mismo que propuso en 1958 un tal doctor Pennington.

XL. En materia de obesidad, ¿cuál es el gran villano de nuestro tiempo?
J.M.C. Nuestros hábitos. Nos movemos poco y comemos más de lo necesario. Somos estimulados constantemente a comer.

XL. Culpa, entonces, a la industria alimentaria por el aumento de la obesidad...
J.M.C. Son los grandes responsables. Le contaré un encuentro que tuve en EE.UU. con directivos de Walmart [el mayor minorista del mundo] para hablarles del problema de la obesidad. Les expuse mis opiniones y, al acabar, me dijeron: «Bueno, somos una empresa, vendemos productos, no podemos ayudarlo. Si consigue cambiar los hábitos de los consumidores, adaptaremos nuestros productos, pero de momento...». La obesidad, digamos, no es su problema. Es, además, una industria muy poderosa que genera miles de puestos de trabajo y millones. Ningún gobierno quiere molestarlos mucho.

XL. Decía que nos estimulan a comer...
J.M.C. Así es, y no solo con la publicidad. ¿Sabe cuál es la receta para vender más? Primero añades azúcar a tu producto. Después, si quieres vender todavía más, pones un poco más de grasa, ya que esta acrecienta el sabor del azúcar. Entonces, tus competidores pondrán más azúcar y también más grasa. Y así va.

XL. Deberíamos cocinar más, ¿no?
J.M.C. Cuando preparas tu comida, sabes la cantidad que pones de cada ingrediente. Si compras una lata o un bote, no lo sabes. Preparar la comida es importante por esto, también por lo que pones de ti en ella y porque si la compartes con la familia o los amigos refuerzas un vínculo. La comida es compartir. En la comida hay amor. ¿Qué amor encuentras en un plato precocinado?

XL. Su nuevo libro, 1800 calorías para ser feliz, es una novela, no el típico manual para seguir una dieta. ¿Es el fruto de sus aspiraciones literarias o se trata, más bien, de una forma distinta de transmitir sus ideas?
J.M.C. Ambas cosas. A través de una novela pensé que mucha gente con los mismos problemas se identificaría con las historias que cuento. La obesidad es algo muy serio y hay que probarlo todo. Es increíble lo difícil que resulta explicar a la gente que en cuestiones de nutrición no hay milagros y que quienes ofrecen dietas rápidas no indagan en la raíz del asunto.

XL. Que es...
J.M.C. La raíz del problema es: quién está delante de ti pidiendo ayuda y cuáles son mis límites.

XL. ¿El mensaje de su novela sería: «No se puede curar a nadie si no se le escucha»?
J.M.C. Me gusta. Quería mostrar que hay un factor humano en toda especialidad; este está en el corazón del problema y es algo que se olvida con frecuencia. El sobrepeso, la obesidad o la anorexia se suelen tratar como un problema exclusivamente médico, pero tienen muchas capas diferentes.

XL. Siendo nutricionista, y no psicólogo, ¿cómo consigue que los pacientes le abran su intimidad?
J.M.C. Cuando hice mis primeras prácticas en el hospital, lo primero que mi tutor sugirió fue que pasara un año en el servicio de psiquiatría. Así conseguí profundizar en las implicaciones psicológicas de estos trastornos.

XL. También atiende a anoréxicas. Dice que las que se quedan embarazadas se curan al momento...
J.M.C. Así es, siempre. Recuperan de pronto la conexión con su madre y establecen el vínculo con su bebé. Se sienten mejor consigo mismas y se curan. El vínculo es la raíz de todo. La anorexia, para las chicas, es una forma de rebelión.

XL. ¿Recibe a mucha gente con depresión?
J.M.C. El 60 por ciento. Con frecuencia están en el paso previo a necesitar ayuda psiquiátrica. La vida es el balance entre los placeres. A veces la gente necesita tabaco, alcohol, cocaína o píldoras para compensar carencias. La comida actúa de una forma similar. Lo que tú comes representa quien eres, tu familia, dónde y cómo vives, cuánto dinero tienes; tu alimentación es parte de tu identidad. Desde tu primer día de vida.

XL. Otro de sus libros, Bien manger en famille [Comer bien en familia, 2005], habla de todo esto, ¿no?
J.M.C. Mi mujer y yo queríamos contar como es dar de comer a tus hijas, tenemos tres, mientras van creciendo, a lo largo de 18 años. Ella, como madre, explica cómo se hace y yo, como médico, lo que deben comer. Todos los padres del mundo han pasado por eso. Tu hijo no quiere comer algo y empiezas a distraerlo o a hacer gracietas. Esto es muy interesante porque la comida no es solo comida; es parte de la relación con tus padres, es diversión, bromas: es placer. Decimos también que cocinar para tus hijos es asimismo muy importante, no se puede abusar de las comidas preparadas. La comida es vínculo.